REVISIÓN DE VIDA:
VER JUZGAR Y ACTUAR
COMO JESÚS LO HACE

Fuente: Revista “SIGNO”, publicación bimensual de la Acción Católica General, núm. 10 de julio-agosto de 2006, Págs. 37 a 40. Autor: Movimiento “Junior” de Acción Católica.

Jesús ha sido enviado a inaugurar el Reino de Dios. Movido por esa misión vive y anuncia un cambio de valores entre las personas manifestado en el amor y la gracia del Señor, y lo hace reflejándolo en su propio estilo de vida y de situarse ante la realidad que le toca vivir. De la lectura del Evangelio podemos concluir que ese estilo de vida está marcado por una contemplación crítica de la realidad, un juicio sobre ésta y una toma de postura activa. Esta actitud es una constante en su vida y siempre se orienta a la construcción del Reino de Dios

 

Hay en Jesús una dinámica de vida que bien pudiera compararse de alguna forma con la propia dinámica que intentamos desarrollar con la Revisión de Vida. Jesús interrelaciona constantemente la atención, la oración y la acción; interrelaciona la observación y la escucha con el silencio activo y el compromiso eficaz y concreto; interrelaciona su conocimiento del mundo (razón) con su amor al mundo (corazón en sentido bíblico) y la transformación del mundo (significado en la acción manual).

JESÚS VE Y DESCUBRE LAS SITUACIONES DE VIDA DE LAS PERSONAS

Jesús estaba sentado frente al lugar de las ofrendas, y observaba cómo la gente iban echando dinero en el cofre. Muchos ricos depositaban un cantidad. Pero llegó una viuda pobre, que echó dos monedas de muy poco valor. Jesús llamó entonces a sus discípulos y les dijo: «Os aseguro que esa viuda pobre ha echado en el cofre más que todos los demás. Pues todos han echado de lo que les sobraba; ella, en cambio, ha echado de lo que necesitaba, todo lo que tenía para vivir» (Mc 12,41-44)

Jesús de Nazaret VE, se fija en la situación de las personas (pobres, mujeres, enfermos, niños, pecadores…), las estructuras sociales concretas; ve el corazón de las personas y de las situaciones.

Jesús observa atentamente las actividades de las personas, es como la primera ventana a través de la cual puede llegar a conocer en profundidad la vida. Aparece con los pies firmemente apoyados en la tierra y con los ojos y los oídos bien abiertos para ver y observar todo lo que ocurre a su alrededor. Conoce las necesidades, interrogantes y preocupaciones de las personas y las causas que las provocan; ve a la muchedumbre que tiene hambre, al ciego que está junto al camino, a Zaqueo encaramado a lo alto de la higuera… Jesús se da cuenta de los que pasan necesidades, de los que padecen injusticias… (Mt 15,21-28; Mc 5, 25-34; Lc 13,11-12; Jn 9,35)

Jesús observa cómo la vida está estructurada, fundamentalmente a través de la ley, que recoge las costumbres y las tradiciones religiosas y es interpretada por los más poderosos, y la institución familiar. Así percibe cómo los leprosos y enfermos son considerados como pecadores, y consiguientemente excluidos y despreciados, cómo la gente está sobrecargada por las leyes religiosas, cómo los poderosos oprimen al pueblo, cómo existen diferentes clases sociales… (Mt 8,2-4; Mt 19,22; Lc 11,46; Lc 16,19-23)

Descubre las estructuras que se crean en el propio corazón de las personas: el joven rico que quiere, pero que no puede dejar el dinero y los bienes… el hermano mayor del hijo pródigo, que se cree mejor y no puede soportar una fiesta de perdón y reconciliación…

Descubre que también nuestra postura o actitud interior puede reforzar estas estructuras. Jesucristo ve, además, el interior de las personas, y ve el espíritu de las estructuras: habla con la samaritana y ve su historia compleja, el deseo de perdón y conversión del centurión romano, la generosidad de la viuda, la conversión del ladrón… (Mc 12,41-44; Lc 23,42)

Y Jesucristo conoce la tradición de su pueblo, su historia, sus costumbres, sus relaciones políticas con Roma y con los pueblos vecinos. Conoce el contexto, geográfico e histórico, en el que se desarrollan cada una de esas situaciones que vive día a día.

JESÚS JUZGA LAS SITUACIONES QUE VE

Uno de entre la gente le dijo: «Maestro, di a mi hermano que reparta conmigo la herencia». Jesús le dijo: «Amigo, ¿quién me ha hecho juez o árbitro entre vosotros?». Y añadió: «Tened mucho cuidado con toda clase de avaricia; que aunque se nade en la abundancia, la vida no depende de las riquezas». Les dijo una parábola: «Había un hombre rico, cuyos campos dieron una gran cosecha. Entonces empezó a pensar: ¿Qué puedo hacer? Por que no tengo donde almacenar mi cosecha. Y se dijo: Ya sé lo que voy a hacer; derribaré mis graneros, construiré otros más grandes, almacenaré en ellos todas mis cosechas y mis bienes, y me diré: Ahora ya tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe y pásalo bien. Pero Dios le dijo: ¡Insensato!, esta misma noche vas a morir, ¿para quién va a ser todo lo que has acaparado? Así le sucede al que atesora para sí, en lugar de hacerse rico ante Dios» (Lc 12,13-21)

Jesús de Nazaret JUZGA, estas situaciones y posturas de las personas, las dinámicas de las estructuras, se para y se atreve a interpretar la realidad por difícil que parezca. La ley, el templo, los sacerdotes, los cargos públicos y civiles, las posturas y acciones de la gente: la pobre viuda que da limosna a escondidas y el fariseo que reza en la plaza, la actitud de los discípulos hacia unos niños, la mujer adúltera que va a ser apedreada…

Jesús aparece con un gran espíritu crítico frente a las situaciones dadas, con gran fantasía creadora para imaginar otras situaciones que sean más acordes con la voluntad de Dios Padre, es decir, con el nuevo Reino que vive y anuncia. Es la capacidad de pensar que las cosas pueden cambiar, que es posible un orden mejor y más justo de acuerdo con los planes de Dios.

Jesús adopta una actitud de contemplación de la realidad, escucha, observa, guarda silencio… pero siempre pone en acción estas dimensiones y, tanto su contemplación como su silencio, van generando en Él una personalidad en contacto con la vida y con el Padre. Y será esa experiencia personal de encuentro con el Padre, la experiencia del amor, la que le llevará también a reaccionar de una determinada manera. Así vemos cómo Jesús es una persona que no tiene miedo a las estructuras de poder o a las estructuras religiosas, denuncia todo tipo de injusticias y a los que viven sólo para las riquezas, expone con fortaleza las posibilidades de felicidad que ofrece una vida entregada a los demás y sencilla frente a las felicidades manifiestas que ofrece el dinero y el ser rico y en este desafío pone su experiencia personal como testimonio frente a la experiencia de tantos ricos y poderosos de su sociedad.

Jesús critica las estructuras de poder; no está de acuerdo con los que viven sólo para las riquezas ya que el sentido de la vida no está en la abundancia de bienes; critica el materialismo; denuncia y da juicio sobre la diferencia de clases y todo lo que vaya contra la dignidad humana; ante la altanería y la vanagloria valora la humanidad y la sencillez; admira más la actitud interior de las personas que lo exterior; critica con dureza cualquier tipo de injusticia u opresión; estima que la persona está por encima de todo; valora la dignidad de la mujer; critica el miedo al compromiso y la falta de responsabilidad; destaca las cualidades de los niños… (Lc 12,17-21; Lc 16,19-31; Mt 18,1-13; Mc 12,41; Lc 20,45-47; Mt 6,26; Mt 11,28; Mt 26,6; Jn 9,20)

 

JESÚS ACTÚA PARA TRANSFORMAR ESAS SITUACIONES

«Pero a vosotros que me escucháis os digo: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que odian, bendecid a los que os maldicen, orad por los que os calumnian. Al que te hiera en una mejilla, ofrécele también la otra; y a quien te quite el manto, no le niegues la túnica. Da a quien te pida, y a quien te quita lo tuyo no se lo reclames. Tratad a los demás como queréis que ellos os traten a vosotros. Si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores hacen lo mismo. Si hacéis el bien a quien os lo hace a vosotros, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores hacen lo mismo. Y si prestáis a aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores se prestan entre ellos para recibir lo equivalente. Vosotros amad a vuestros enemigos, hacen el bien y prestad sin esperar nada a cambio; así vuestra recompensa será grande, y seréis hijos del altísimo. Porque él es bueno para los ingratos y malos. Sed misericordiosos, como vuestro Padre es misericordioso» (Lc 6,27-36)

Jesús de Nazaret ACTÚA, y toma posturas concretas: cura, toca a los leprosos, se para ante el grito de un ciego, como con los publicanos, acoge a unos niños, perdona a la mujer adúltera, se pone de parte del pobre ante la ley que prohíbe curar en sábado, potencia y desarrolla las ganas y deseos de conversión en el publicano, en Zaqueo, Lucas, Magdalena…

La vida de Jesús, respuesta fiel y radical a la llamada de Dios Padre, se caracteriza por el amor, un amor que le lleva a vivir para los demás, especialmente por los más necesitados, para que los demás sean más plenamente personas. Por eso, y para hacer esto realmente posible, actúa, se compromete activamente en la transformación de una realidad y unas situaciones que niegan la dignidad de las personas al estar atravesadas por la injusticia, la opresión, la marginación, el odio, el sufrimiento, el egoísmo, la insolidaridad…

Jesús no es neutral ante las necesidades e injusticias que encuentra a su alrededor. Su compromiso va más allá de las palabras; acoge a las mujeres y niños marginados por la sociedad, lucha contra el sufrimiento, actúa con dureza frente a quienes oprimen al pueblo, denuncia a quienes utilizan el templo para enriquecerse, prioriza siempre a la persona por encima de las leyes trata de suprimir las barreras sociales y raciales… (Mc 10,13-16; Lc 10,51-55; Jn 2,14; Mt 23,1-36; Lc 6,27-28; Lc 6,39-35; Jn 6; Mt 8,20).

 

Pero Jesús, además de actuar en el campo de las estructuras, tanto las sociales, políticas, económicas como las religiosas, le interesa el campo del corazón de las personas. Se le ve luchando contra el pecado, perdonando y enseñando a perdonar. A Jesucristo se le sorprende siempre buceando en el corazón de la gente para transformar su vida en una vida más plena y auténtica, como Dios Padre quiere.

E incluso hace esfuerzos frente así mismo. Nos lo recuerda su lucha en el desierto por superar las tentaciones, la oración constante con el Padre, la voluntad de ser siempre fiel a la misión que recibió, incluso hasta el instante final de su muerte.

Jesús es, por tanto, una persona que actúa a todos los niveles, que da una gran importancia a la acción, que educa a través de la acción y que la planea antes de realizarla (Mt 10,5-15; Mc 3,1-5; Mc 6,7).

Así pues, podemos concluir diciendo que Jesús no es un Dios disfrazado de hombre que juega a vivir una vida parecida a la nuestra. No, Él vivió una vida plenamente humana y por ello participó de la divinidad de Dios Padre. Y en esa vida apareció inmerso e identificado con su pueblo, compartiendo la vida de sus contemporáneos, codo a codo con la gente, especialmente de parte de los más pobres, marginados, pecadores…

Él fue maestro en la capacidad de conocer y ver la vida con los mismos ojos de Dios, de valorarla a la luz de Su voluntad y de transformarla para ir haciendo posible Su Reinado.

 

       

Consejo diocesano

de Acción Católica

de Cádiz y Ceuta

H. O. A. C.

Hermandad Obrera de Acción Católica

J. O. C.

Juventud Obrera Cristiana

JUNIOR

Movimiento Junior de Acción Católica

 

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